La Real es, desde la llegada de Pellegrino Matarazzo, una montaña rusa de emociones. De emociones con final feliz. El míster le ha dado al equipo un carácter ganador, un gen competitivo que le hace creer al 200% en sus posibilidades. Juegue quien juegue, ya sean noventa o diez minutos, los jugadores aportan su máximo en beneficio del colectivo. Eso es un valor preciadísimo en un equipo de fútbol.
Es el camino que debe seguir recorriendo esta noche ante el Elche CF. Un equipo que despliega un fútbol moderno, valiente y en el que el balón es el centro de todo. La apuesta de Eder Sarabia ha cuajado en el Martínez Valero y ha dotado a un equipo, a priori ‘cenicienta’, de un status que le permite jugar de tú a tú con cualquiera. Y no sólo jugar; muchas veces, ganar.
Los txuri urdin, crecidos con el pase a las semifinales de Copa y la buena inercia liguera, quieren seguir subidos a la ola. Lo que transmite el equipo es absolutamente esperanzador, pero en el vestuario tienen claro que no hay que bajar un ápice la intensidad y el nivel competitivo. Sólo así se conseguirán los objetivos.
El de esta noche se presenta como otro encuentro de gran atractivo. Dos equipos sin miedo y acostumbrados a partidos de emociones constantes. Nos gusta. Queremos más adrenalina.
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